La importancia de la farmacoeconomía: mucho más que optimizar recursos en salud.

“LO QUE NO SE MIDE, NO SE MEJORA Y LO QUE NO SE MEJORA, SE DEGRADA SIEMPRE”

Fue William Thomson Kelvin, físico y matemático británico (1824 – 1907) el que acuñó la frase: “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”. Desgraciadamente, en muchas ocasiones, me viene a la cabeza esta frase cuando hablo con médicos, gestores, pacientes y políticos. 

La farmacoeconomía, una rama interdisciplinar que evalúa el valor de los medicamentos y servicios de salud en términos de costes y beneficios, desempeña un papel crucial en el actual panorama de la atención médica. En un contexto donde los recursos son limitados y las demandas de servicios de salud son cada vez más complejas, la farmacoeconomía se ha convertido en una herramienta esencial para optimizar la asignación de recursos y mejorar la eficiencia en los sistemas de salud.

Y os preguntaréis, ¿pero qué aborda exactamente la farmacoeconomía? Pues básicamente el análisis y la comparación de la eficacia, la seguridad y los costes de diferentes opciones terapéuticas. Su objetivo principal es proporcionar información valiosa a los responsables de la toma de decisiones en salud, ya sean gobiernos, aseguradoras, profesionales de la salud o pacientes, para tomar decisiones informadas sobre la asignación de recursos.

Pero hay mucho más detrás de la farmacoeconomía. Se trata de una herramienta muy valiosa para:

  • Evaluar el coste-efectividad de los tratamientos:

  -Realizar análisis de coste-efectividad para comparar diferentes opciones terapéuticas y determinar cuál ofrece el mejor equilibrio entre costes y beneficios.

  -Utilizar modelos económicos para proyectar el impacto financiero a largo plazo de una intervención médica específica.

  • Priorizar recursos:

  -Identificar y priorizar intervenciones médicas que ofrezcan el mayor beneficio clínico por unidad de coste.

  -Utilizar la información de farmacoeconomía para asignar recursos limitados de manera más efectiva, centrándose en aquellas áreas donde se pueda obtener el máximo rendimiento.

  • Tomar decisiones en salud pública:

  -Aplicar la farmacoeconomía en la planificación y ejecución de programas de salud pública, especialmente en situaciones de crisis.

  -Evaluar la relación coste-efectividad de intervenciones preventivas, vacunación y otras estrategias de salud pública.

  • Negociar precios con la industria farmacéutica:

  -Utilizar análisis de farmacoeconomía durante las negociaciones de precios con la industria farmacéutica. Demostrar el valor y la eficiencia de un tratamiento puede ser clave para acuerdos financieros más favorables.

  • Mejorar la adherencia al tratamiento:

  -Evaluar los costes asociados con la falta de adherencia al tratamiento y desarrollar estrategias para mejorar el seguimiento de los pacientes, lo que puede resultar en ahorros a largo plazo.

  • Incentivar la investigación en determinadas áreas de necesidad:

  -Utilizar la farmacoeconomía para identificar áreas donde se necesitan más investigaciones, especialmente aquellas que podrían conducir a tratamientos más rentables y eficientes.

  • Educar y concienciar:

  -Fomentar la educación y la concienciación entre los profesionales de la salud, los responsables de la toma de decisiones y los pacientes sobre los principios de la farmacoeconomía. Esto puede ayudar a crear una cultura de toma de decisiones informada.

  • Monitorizar y actualizar datos:

  -Establecer sistemas de monitorización para evaluar la efectividad y la eficiencia de las intervenciones médicas a lo largo del tiempo.

  -Actualizar regularmente los datos y los análisis de farmacoeconomía para reflejar los cambios en la práctica clínica y la disponibilidad de nuevos tratamientos.

La farmacoeconomía ofrece herramientas analíticas suficientes para evaluar el coste-efectividad de diferentes tratamientos, identificando aquellas opciones que ofrecen el mayor beneficio clínico por unidad de coste. Esto no solo beneficia a los sistemas de salud, sino que también puede reducir la carga financiera sobre los pacientes. A pesar de estos beneficios sustanciales, a menudo avanzamos lentamente y, en muchas ocasiones, no reconocemos plenamente su valor.

Por otra parte, es innegable que existen diversos desafíos que deben abordarse para garantizar la implementación efectiva de la farmacoeconomía. Entre ellos, destacan los siguientes:

  1. Datos limitados y de calidad variable: la disponibilidad y la calidad de los datos son fundamentales para los análisis de farmacoeconomía. Sin embargo, en muchos casos, los datos pueden ser limitados, incompletos o de calidad variable. Mejorar la recopilación y la calidad de los datos es esencial para obtener resultados más precisos.
  2. Variabilidad en resultados: los resultados de los análisis de farmacoeconomía pueden variar según la población estudiada, el entorno clínico y otros factores. La variabilidad puede dificultar la generalización de los resultados a diferentes contextos, lo que requiere un enfoque cuidadoso al interpretar los hallazgos.
  3. Modelos simplificados: los modelos utilizados en farmacoeconomía a menudo simplifican la complejidad de la práctica clínica y la variabilidad de los pacientes. Estos modelos pueden no capturar completamente la realidad clínica y, por lo tanto, los resultados deben interpretarse con precaución.
  4. Horizonte temporal limitado: los análisis de farmacoeconomía a menudo se centran en horizontes temporales relativamente cortos. Esto puede subestimar o pasar por alto impactos a largo plazo, especialmente en enfermedades crónicas o afecciones que requieren tratamientos prolongados.
  5. Desafíos éticos: la asignación de recursos en salud, basada en análisis de farmacoeconomía, puede plantear desafíos éticos, especialmente en términos de equidad y acceso a tratamientos. La toma de decisiones basada únicamente en criterios económicos puede generar preocupaciones sobre la justicia distributiva.
  6. Incertidumbre en proyecciones futuras: la predicción de costes y resultados futuros implica incertidumbre. Cambios en la práctica clínica, avances tecnológicos y factores económicos pueden afectar significativamente las proyecciones, lo que dificulta la planificación a largo plazo.
  7. Resistencia al cambio: la implementación de estrategias basadas en farmacoeconomía puede encontrar resistencia tanto en profesionales de la salud como en pacientes. La percepción de que las decisiones se toman exclusivamente con base en aspectos económicos puede generar desconfianza y resistencia.
  8. Complejidad de modelos de análisis: los modelos de análisis de farmacoeconomía a veces pueden ser complejos y requieren habilidades especializadas para comprender y aplicar adecuadamente. Esto puede limitar su adopción generalizada y su comprensión por parte de los profesionales de la salud y los responsables de políticas.
  9. Presión de resultados a corto plazo: los sistemas de salud a menudo se enfrentan a presiones para demostrar resultados rápidos y eficientes. Esto puede desincentivar la inversión en análisis a largo plazo, que es esencial para comprender completamente el impacto de intervenciones farmacológicas y de otro tipo.
  10. Complejidad de los sistemas de salud: los sistemas de salud son inherentemente complejos, con múltiples actores y variables. La implementación efectiva de estrategias basadas en farmacoeconomía requiere una comprensión profunda de los sistemas de salud.

Quizás la clave para avanzar de manera significativa radique en la colaboración continua de todos los actores involucrados: investigadores, profesionales de la salud, responsables de políticas y la industria farmacéutica, entre otros.

Indudablemente, uno de los principales desafíos en la atención médica contemporánea consiste en hallar un equilibrio entre proporcionar servicios de alta calidad y gestionar eficientemente los costes.

Al aprovechar las herramientas y los enfoques proporcionados por la farmacoeconomía, estaremos capacitados para tomar decisiones más fundamentadas y sostenibles en la asignación de recursos dentro del sector de la salud.

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